“El Maule es una región subvalorada en términos de los esfuerzos de protección existentes”

Por: Tomás Moggia Cárdenas

A medida que el río Mataquito se va acercando hacia la zona costera, sus aguas calmas parecen por fin liberarse del fértil valle que ha ido labrando desde tiempos inmemoriales y, de un momento a otro, quiebra su curso sinuoso. Los últimos meandros quedan atrás y toma una dirección clara y decidida rumbo al norte.

Desde ahí, la ruta vehicular comienza a atravesar un campo dunar forjado pacientemente por el río. Un río cuyas aguas se originan arriba en la cordillera maulina, y que tras un largo recorrido en el que bordean la ciudad de Curicó, conforman un humedal costero de 1.200 hectáreas, reconocido internacionalmente por su importancia para las aves playeras residentes y migratorias. Sin embargo, hasta el día de hoy este humedal estuarino no cuenta con una categoría de protección oficial en Chile.

Como muchas otras en el país, la desembocadura del Mataquito está sujeta a una serie de amenazas de carácter antrópico: ingreso de vehículos motorizados, presencia de perros de vida libre, escasa regulación del sitio en términos turísticos y recreativos, y contaminación por distintas fuentes. Todas ellas han creado un cóctel peligroso que pone en riesgo al ecosistema completo, razón por la cual se encuentra clasificado como un IBA (Important Bird & Biodiversity Area) En Peligro según BirdLife International, una importante organización internacional dedicada a la protección de las aves y sus hábitats.

Frente a este escenario, el sociólogo Juan Silva viene desarrollando desde hace poco más de un año, bajo el alero del Programa de Becarios para Soluciones Costeras y el apoyo de diversas organizaciones e instituciones, un proyecto para la resiliencia del río Mataquito, pero también del Huenchullamí, que desemboca en el Pacífico apenas unos kilómetros más al sur.

Juan Silva, becario del Programa de Soluciones Costeras.

Se trata de un proyecto que recientemente logró un hito importante: la aprobación de Ordenanzas Municipales para la protección de estos humedales en las comunas de Curepto y Licantén. El objetivo de estos instrumentos es establecer usos y restricciones, otorgando a los municipios mayor capacidad de fiscalización y sanción. Este proceso involucró a la ciudadanía y la participación de diversos servicios públicos, tales como el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), la Seremi de Medio Ambiente de la región del Maule, Carabineros, Armada y el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA).

“A lo largo de este último año el involucramiento de la ciudadanía, las municipalidades y otros actores ha generado un efecto positivo en distintos aspectos, como en el número de fiscalizaciones que se han hecho, la instalación de señalética de prohibición de ingresos de vehículos, la presencia de gente haciendo monitoreos y observación de aves, y la realización de talleres y actividades con las escuelas”, explica Juan Silva.

¿Qué aspectos clave permitieron llegar a este punto que marca un hito importante en el desarrollo de tu proyecto?

Creo que lo más importante fue generar lazos de confianza con las organizaciones locales, con el Sindicato de Pescadores La Pesca- Mataquito, y sobre todo con las municipalidades, las autoridades regionales y otros servicios públicos. Estar presente en el territorio se probó como un aspecto muy fundamental del proyecto para visibilizar la iniciativa y quiénes están detrás. Eso fue muy importante, mostrarse, hablar con la gente, demostrar que el proyecto está respaldado por instituciones y que queremos realmente generar impacto en la zona y mirar hacia el largo plazo.

Ese desarrollo de confianzas ha sido muy importante y creo que ha generado un efecto cascada, porque las municipalidades, al ver este esfuerzo y estas intenciones de agentes externos a las comunas, han tenido que corresponder y replicar de manera recíproca esos esfuerzos, y lo mismo a nivel de Seremi. El Maule es una región subvalorada en términos de los esfuerzos de protección existentes. Es una de las regiones con menor porcentaje de áreas protegidas en relación a su territorio, y tiene muchas características únicas en Chile, sitios de biodiversidad únicos por tratarse de una zona de transición entre distintos sistemas climáticos.

¿En materia de protección y conservación de humedales y aves playeras cuáles son los principales contenidos de estas Ordenanzas?

Lo que más nos preocupaba era establecer alguna fiscalización un poco más estricta respecto al ingreso de vehículos motorizados a las zonas sensibles del humedal, ya sea dunas y playas, lo que está prohibido por ley por la Orden de Ministerial N° 2, y ahora mismo se está discutiendo un proyecto de ley para ser más aplicable esta restricción, que en la zona y en muchas partes de Chile no se respeta en lo absoluto. Esto queremos restringirlo y permitir exclusivamente el ingreso de vehículos a pescadores artesanales que vayan a recoger sus capturas, con permiso otorgado específicamente. El espíritu de la Ordenanza es transparentar y regularizar todos los usos que puedan afectar al humedal. Queremos permitir que se haga la pesca, pero que se haga bien. El tema de la pesca recreativa queremos regularizarla porque además hay conflictos entre pescadores artesanales y pescadores recreativos.

Otro tema grande es que conversamos con los pescadores artesanales, porque no podemos prohibir una actividad que es un sustento fundamental para las comunidades locales y además los pescadores son nuestros aliados clave porque son los usuarios principales de estos ecosistemas. Conversamos con ellos y les confirmamos que la pesca artesanal se va a poder seguir desarrollando, y a solicitud de ellos, se van a regularizar una serie de aspectos de su operación. Es una actividad importante que hay que reconocer también como patrimonio cultural, entonces la Ordenanza también trata de ordenar eso. El espíritu de la Ordenanza reconoce que los usos productivos pueden ser compatibles con la conservación y el manejo sustentable de estos hábitats y sus especies, en particular las aves playeras. 

¿Qué otras restricciones consideran las Ordenanzas?

Apuntamos a que restrinja ciertos usos que evidentemente generan impacto, donde además del ingreso de vehículos motorizados destaca la presencia de perros de vida libre, la tenencia responsable de mascotas o el abandono de mascotas. Nos gustaría establecer ciertas áreas para que los perros tengan que ir sí o sí con correa. En verano hay sitios de nidificación de pilpilén y chorlo nevado, y los perros obviamente son predadores naturales. Se pueden comer a los polluelos y huevos. También queremos generar conciencia a través de esta Ordenanza para que se pueda hacer un ordenamiento territorial, una zonificación para reconocer cuáles son los sitios más importantes. Hay usos que se prohíben también, como la extracción de áridos, vertido de sólidos y líquidos que puedan ser contaminantes. La Ordenanza es bien exhaustiva. 

Lo más importante es que contempla la formación de un Comité integrado por ambas municipalidades. Es una Ordenanza elaborada de manera intercomunal, que es algo bastante inédito y pionero. Los cuerpos de agua en general son líneas divisorias en muchas comunas de Chile, entonces si hay una Ordenanza en una comuna, pero en la otra no, queda el trabajo a medias. En este caso hay una gestión integrada de los cuerpos de agua, entendiendo que la naturaleza no conoce de límites territoriales administrativos. Ha habido una colaboración super potente de los servicios públicos también, que están dispuestos a integrar este Comité, cuya tarea sería, junto a la ciudadanía, armar un plan de gestión que sería como la operacionalización y aplicación de esta Ordenanza. Ese es el siguiente paso: armar este plan de gestión.

"El espíritu de la Ordenanza reconoce que los usos productivos pueden ser compatibles con la conservación y el manejo sustentable de estos hábitats y sus especies, en particular las aves playeras".

Juan Andrés Silva
Becario del Programa de Soluciones Costeras

¿Qué tan grande es el desafío de llevar los contenidos de una Ordenanza a estrategias y acciones concretas que favorezcan su implementación efectiva, considerando además un nivel de participación ciudadana que le otorgue validez?

Durante el proceso de elaboración de la Ordenanza ya hubo participaciones ciudadanas, en concreto hubo tres instancias por comuna, algunas de manera híbrida. Creemos que ese mismo proceso se puede replicar y darle continuidad. Es una estrategia de vinculación con la ciudadanía que no se reduce a reuniones específicas, sino que queremos que este proyecto esté completa y constantemente abierto a la participación ciudadana. En ese sentido, el plan de gestión tiene que seguir esa misma línea.

Esperamos poder levantar un poco más de recursos a través del Gobierno Regional, y los fondos que llegarían de The Nature Conservancy a la Fundación Refugia, para empezar a desarrollar este plan de gestión, que es un desafío mayor. Es la brecha entre la realidad y el deseo. La Ordenanza suena súper bonita, pero todavía es un papel, y llevarlo a la realidad va a ser un gran desafío. Vamos a tener que hacer un inventario actualizado de los humedales de las comunas, no solamente los humedales costeros.

También hay que llevar a cabo un mapeo y caracterización de actores clave, ya que hay muchos dueños de predios que probablemente van a estar preocupados de que esta Ordenanza o la posible futura figura del Santuario de la Naturaleza pueda afectar sus actividades. Queremos involucrarlos para desarrollar estrategias que permitan los usos productivos compatibles con la conservación y el manejo sustentable. También queremos involucrar a las escuelas para que puedan participar con sus estudiantes en el desarrollo de algunas actividades. Además, hacer partícipes a los gremios de distintos sectores productivos, incluyendo al sindicato de pescadores, para que puedan entregar su visión, experiencia y conocimientos sobre estos ecosistemas. Queremos hacer un trabajo multisectorial y multidisciplinario.

¿Uno de los resultados esperados a largo plazo del proyecto justamente era que el sitio cuente con una categoría de protección formal como sería el caso del Santuario de la Naturaleza? 

Junto a la Seremi, a la Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC) y otros colaboradores decidimos que lo mejor era optar por la figura de Santuario de la Naturaleza por las características del sitio, por los objetivos que se quieren alcanzar, tanto para Mataquito como para Huenchullamí. Sería un polígono que incluye ambos humedales y la playa. Utilizando herramientas de mapeo de Sistemas de Información Geográfica, hemos estimado que serían alrededor de 900 hectáreas de Santuario, que corresponden también a lo que se propuso como sitio de importancia para la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras, un expediente que ya se envió y está siendo evaluado por Manomet, que es la institución a cargo, para que este sitio cuente con otro reconocimiento internacional más.

Pero lo que nos interesa es generar figuras de protección vinculantes a nivel nacional, como sería un Santuario, y eso ya está bastante avanzado. Contamos con un borrador de expediente que está siendo revisado por la Seremi y somos optimistas de poder contar con esta figura este año o el próximo, y eso ya va a generar otro nivel de desafíos porque ahí hay que armar un plan de manejo. Creo que igual la conexión entre estos instrumentos, Ordenanza-Santuario, va a ser súper útil porque ya se contará con la experiencia de haber elaborado el plan de gestión de la Ordenanza, y todo ese material probablemente va a ser un insumo fundamental para lo que sería un plan de manejo del Santuario, que quizá va a ser más focalizado en el polígono exacto que define el Santuario, pero las acciones pensamos que van a ser similares, al igual que las estrategias, la mirada integradora participativa y multidisciplinaria.

Que el sitio IBA ya no esté catalogado En Peligro podría considerarse también como un futuro logro del proyecto.

Respecto al sitio IBA En Peligro, es un protocolo de monitoreo con el que cuenta la organización Birdlife International, que son quienes definen estas categorías. Nosotros realizamos este protocolo al inicio del proyecto y lo queremos realizar a mediados de la iniciativa y también al final para comparar el nivel de amenaza y perturbaciones que llevaron a que en un comienzo se designara como un sitio En Peligro. Nuestro objetivo es que con estas acciones que hemos venido desarrollando las amenazas puedan disminuir, poder comparar y después enviar esta información a Birdlife para que evalúen y determinen si es que el sitio debe ser recategorizado y quitarle la categoría de En Peligro. 

Ahora, el riesgo de eso es que se pierde un poco el sentido de urgencia. Si se le quita esa categoría, no significa que va a dejar de estar en peligro, sino que el sitio va a seguir estando en peligro. Sería iluso pensar que vamos a eliminar todas las amenazas del sitio, son múltiples, diversas y emergentes, hay que desarrollar una especie de manejo adaptativo a este tipo de cosas. Más allá de si se quita o no la categoría En Peligro, nos gustaría que todo el plan de manejo y la gobernanza que se arme esté enfocada en la adaptación a cualquier tipo de perturbaciones para fortalecer la resiliencia, que al final es volver al título original del proyecto: fortalecer la resiliencia de estos ecosistemas frente a las perturbaciones y que pueda mantener los atributos que lo hacen ser un sitio tan importante, particularmente para aves playeras, biodiversidad y servicios ecosistémicos para las personas.

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