Río Maipo: otro río que no llega al mar

Por Lily Plaza y Francisco Sanhueza

Ojos de Mar

A mediados de enero finalmente sucedió: el río Maipo, uno de los principales cursos de agua de la zona central, no desembocó en el mar.

La cuenca del río Maipo posee un régimen nivo-pluvial, cuyas aguas fluyen de cordillera a mar abasteciendo de agua potable a millones de personas en la región Metropolitana, miles de hectáreas de cultivos agrícolas y cientos de actividades industriales. Son estas mismas aguas las que sostienen sistemas azonales altoandinos, la exquisita biodiversidad de la cuenca baja del río Mapocho o al relevante estuario del río Maipo. Este último es el objeto de esta columna.

De acuerdo a los registros de la Dirección General de Aguas (DGA), los caudales en la cuenca baja del Maipo (San Antonio) han presentado una disminución significativa y progresiva desde el año 2000 a la fecha. Esto es atribuible a la disminución de “la oferta” de recursos hídricos asociada al calentamiento global y su consecuente megasequía, y al aumento de “la demanda” relacionada con el consumo humano.

Pero este año la situación se ha vuelto crítica debido a caudales históricamente bajos que se han registrado en la provincia de San Antonio. Para hacerse una idea: los caudales promedio de enero de este año representaron el 5% del promedio de los caudales del mes de enero de los últimos 20 años. Esto ha traído repercusiones sanitarias, ambientales y sociales.

El río Maipo es la principal fuente de abastecimiento de agua potable de la provincia de San Antonio, la que comprende desde Algarrobo, por el norte, hasta Santo Domingo, por el sur. Es decir, las casi 130.000 personas que habitan el territorio, más otras decenas de miles que visitan la provincia durante la época estival, dependen de los caudales del Maipo.

Cuando el río Maipo presenta bajos caudales, la cuña salina (agua de mar) no tiene resistencia para ingresar por el estuario varios kilómetros río arriba, llegando hasta los sistemas de captación de agua potable que poseen las empresas sanitarias, creando con ello un problema sanitario en toda la provincia de San Antonio.

Si bien las sanitarias han logrado sortear por el momento los racionamientos de agua mediante la construcción de improvisadas obras sobre el río, no se sabe hasta cuándo podrán garantizar la creciente demanda de agua potable. Por otro lado, los bajos caudales terminaron por acabar con la resiliencia del humedal del río Maipo. Los escuálidos caudales afectaron la hidrodinámica de la desembocadura del Maipo permitiendo el cierre de la barra de arena, lo que significó que el estuario se convirtiera en una laguna costera.

Todavía es pronto para evaluar la intensidad y magnitud de la afectación, y el cierre de la barra puede generar impactos de importancia al tener el potencial de cambiar la batimetría y morfología del estuario del Maipo, la condición físico-química del agua, favorecer escenarios de blooms algales y cortar el flujo de sedimentos/nutrientes hacia el ecosistema marino, impactando así en la estructura, composición y funcionamiento de la biodiversidad del Santuario de la Naturaleza Humedal del río Maipo y dos sitios prioritarios de conservación de la biodiversidad. Y como si fuera poco, el cierre de la barra afecta las actividades de los pescadores artesanales que tienen su caleta en el estuario del río Maipo, al quedar relegados a navegar en la nueva laguna costera.

Ante la emergencia, la autoridad ha ejecutado la apertura mecanizada de la barra, con lo que se ha logrado bajar el nivel del espejo de agua del estuario, disminuyendo así la cota de inundación de los terrenos ribereños. Pero esta medida se realizó sin estudios técnicos que la respalden, con lo que no se hace cargo de la restauración del sistema estuarino ni de sus servicios ecosistémicos, como tampoco se hace cargo de la emergencia que día a día deben sortear las empresas sanitarias. Es más, la apertura de la barra duró sólo unos días, ya que se cerró nuevamente.

Más que medidas paliativas e infundadas, lo que se necesita son medidas y acciones que ataquen la causa del problema: los bajos caudales del río Maipo. En este escenario, las autoridades deben plantear un plan o propuesta de gestión hídrica regional e interregional cuyo objetivo esté alineado con el deber del Estado de proteger la salud de las personas y preservar la naturaleza. En específico, el Estado tiene el deber de hacer prevalecer el consumo humano y, además, velar por la armonía y el equilibrio entre la función de preservación ecosistémica y la función productiva que cumplen las aguas (Art. 5, bis y ter del Código de Aguas), dejando atrás las décadas de priorización de las aguas por parte del sector productivo y por sobre las personas y ecosistemas. En esta materia, el silencio de la DGA y el Ministerio de Medio Ambiente ante la emergencia ha sido brutal.

Sin embargo, cualquier plan, propuesta de gestión y/o el uso de diferentes herramientas que otorga la normativa vigente no tendrán sentido si no se eliminan o enfrentan las amenazas que recaen sobre el estuario del río Maipo, entre las que destacan el aumento del consumo de agua (potable, industrial y agrícola) en la región Metropolitana y Valparaíso sur, y la afectación a los glaciares. Otra gran amenaza es el proyecto Puerto Exterior de San Antonio, de la estatal EPSA, el que aumentaría por sí mismo la demanda de agua potable de la provincia en cerca de un 25%, y que, con su área de acreción, crearía una barra de más de 1.400 metros de longitud desde la actual línea de costa.

La causa del problema y sus impactos se conocen, las amenazas están a la vista, sólo falta la voluntad para enfrentarlas.

Biografía

Liliana Plaza Cancino es docente del diplomado de gestión integrada de humedales y ordenamiento territorial Uch. CEO de Ojos de Mar, actualmente desarrolla y dirige proyectos relacionados a didácticas socioambientales en la provincia de San Antonio, además de crear y colaborar con material para docentes y educadores sobre humedales costeros.

ojoscosteros.cl@gmail.com

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