Aves playeras: desafíos para la conservación de inadvertidas habitantes en las costas de Chile

Sharon Montecino Faúndez

Programa de Becarios para Soluciones Costeras y ROC

En el diverso pero acotado pasillo de quienes disponen su entusiasmo, tiempo y conocimientos para contribuir en materias de conservación biológica, resuenan habitualmente frases como “conocer para conservar”, “no se valora lo que no se conoce” y otras similares. Esta lógica, pese a la sencillez expuesta, representa retos adicionales en algunos -ya complejos- desafíos socio-ambientales, en particular para los relacionados con grupos biológicos poco explorados.

En Chile, si bien las aves son un grupo usualmente apreciado y de reconocimiento general, muchas de ellas no resultan familiares para el grueso de la población, no aparecen siquiera en programas de educación formal, ni tampoco han recibido suficiente atención de investigadores y entidades públicas. Es el caso desfavorable de las aves playeras, que, pese a ser uno de los grupos de aves que evidencia mayores niveles de declinación poblacional en el mundo, permanecen como habitantes casi inadvertidos en incluso los ecosistemas de más alta afluencia humana del país: las zonas costeras.

Se describe que las aves playeras comenzaron a disminuir en el mundo en el siglo XIX, principalmente debido a la caza. Hoy, a través de procesos antropogénicos, sus poblaciones siguen siendo mermadas por alteraciones del paisaje y otras amenazas que han implicado disminuciones aceleradas en las últimas décadas.

Muchas especies de aves playeras son migratorias de larga distancia que viajan cada año desde sus zonas de reproducción, en la tundra ártica, hasta zonas no reproductivas de descanso y alimentación en Sudamérica. Durante los recorridos de ida y regreso, dependen de determinados hábitats y alimentos específicos para sobrevivir.

Cerca de 40 especies de aves playeras ocupan la extensa costa de Chile durante toda o parte de su vida, habitando los más de 4.000 kilómetros lineales que ofrecen variados ambientes para sus poblaciones. En ellos, coexisten con incesantes interacciones humanas que degradan sus hábitats y aumentan en época estival por el turismo, coincidiendo con la reproducción e invernada de muchas especies. Chile posee así un rol clave en la subsistencia de estos grupos, y dada la vasta costa requiere eficiencia en el diseño de medidas para su conservación.

Las consecuencias del desconocimiento general sobre las aves playeras son graves y comúnmente desapercibidas en ecosistemas frágiles como playas y dunas. Algunas especies nidifican en la arena, en hendiduras poco profundas donde los nidos quedan expuestos y vulnerables al tránsito de ganado, mascotas y actividades recreativas humanas. Los huevos y polluelos poseen coloración críptica para mimetizarse con el entorno y evitar ser advertidos por depredadores, sin embargo, en ocasiones resultan también imperceptibles para transeúntes y vehículos. Las aves migratorias, por su parte, al ser alteradas vuelan una y otra vez durante el día, desgastando energías y afectando sus posibilidades de migrar de regreso, ya que si no alcanzan condiciones corporales óptimas no viajan o pueden morir durante el viaje. En este contexto, es necesario abordar y reducir esas amenazas, siendo Chile un país que particularmente provee múltiples sitios de importancia para aves playeras en la Ruta Migratoria del Pacífico.

Esfuerzos liderados en la última década, como el Atlas de las Aves Playeras de Chile (2017) y el Atlas de las Aves Nidificantes de Chile (2018), han permitido orientar estimaciones poblacionales de aves playeras en el país y describir lo que se conoce para aquellas que se reproducen en territorio nacional. No obstante, al mismo tiempo demostraron que aún se ignoran numerosos aspectos de sus ciclos de vida, como migraciones altitudinales/latitudinales, rangos de ocupación, zonas de reproducción, tasas de éxito reproductivo, entre otras, incluso para especies comunes. Así, información relevante como el estado y tendencia poblacional de la mayor parte de las aves playeras en Chile es aún un misterio.

Desde la academia, laboratorios de universidades y centros de investigación han sido fundamentales en producir contenidos científicos que aportan información sobre aves playeras en Chile. Actualmente, también ONGs abordan los vacíos de información existentes, a través de programas de monitoreo de largo plazo que buscan entender el estado de las poblaciones y la condición de sus hábitats para reducir amenazas. Se advierte que, sin embargo, aunque en muchas iniciativas participan ciudadanos no científicos, éstas suelen alcanzar públicos conformados por especialistas, aficionados y personas con interés previo en la materia. En este sentido, llegar a quienes no están familiarizados con las ciencias ni aves playeras continúa siendo un desafío.

En tiempos de avanzada crisis socioambiental global, es perentorio impulsar que la información alcance a quienes interactúan cotidianamente con las especies/hábitats objetivo, de modo que las intervenciones de conservación sean no sólo conocidas sino también apoyadas por los mismos. Debemos crear soluciones integradoras, escalables y replicables, que permeen la imprescindible contribución científica hacia espacios de interés público y privado, articulando colaboraciones entre agentes gubernamentales, gestores de proyectos, administradores de tierras, publicistas, vecinos y visitantes de áreas clave para las aves playeras.

Indudablemente, un mejor entendimiento de los ciclos de vida de estas especies en el país permitirá avanzar con más certezas en la reducción y mitigación de amenazas. No obstante, la transferencia de información y el involucramiento comunitario constituyen hoy procesos igualmente sustanciales. En el contexto de cambio climático, y como país generoso en costas, Chile requiere avanzar en la generación de capacidades para la resiliencia costera, proveyendo condiciones para la salud de ecosistemas y comunidades humanas, y empleando la mejor información disponible para la adaptación a escenarios inciertos.

Como investigadores, conservacionistas, o simples privilegiados de contextos entendidos en la materia, tenemos el deber de -al menos-: generar condiciones para la transferencia y divulgación de conocimientos; informar/sensibilizar a tomadores de decisión; incidir en la opinión pública (prensa, publicidad, medios digitales); y conocernos e intercambiar experiencias para la colaboración y sinergia.

Como ciudadanos, disfrutemos las costas manteniendo los vehículos fuera de playas y dunas, evitando trasladar mascotas sin correa, botando basura sólo en áreas habilitadas y respetando los ciclos de vida de las especies sin perturbarlas.

Estrechar la relación con las aves playeras en el entendimiento de cómo cohabitamos los espacios, es también transitar hacia la protección de la zona costera para el anhelado desarrollo sostenible en Chile.

Biografía

Sharon Montecino Faúndez es ingeniera en Recursos Naturales Renovables de la Universidad de Chile y becaria de la cohorte 2019 del Programa de Becarios para Soluciones Costeras del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell. También forma parte de la Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC), como coordinadora nacional del Programa Aves Acuáticas y Humedales.

sharonmontecino@redobservadores.cl

Compartir

Más columnas

de opinión

25 de marzo, 2024

Gestión de los arroyos de cabecera: desafíos desde la Patagonia

Por Daniel Beatriz-Gutierrez

26 de julio, 2022

Urge más fiscalización para el humedal Aguada La Chimba

Por Natalia Fierro

23 de febrero, 2023

¡Viña tiene Festival y humedales!

Por Esteban Araya Silva

04 de julio, 2023

Ley de humedales urbanos: ¿Qué es y por qué es tan importante?

Ricardo Goye Sanzana

25 de octubre, 2022

Chile: el país de las aves

Por Javiera Ferreyra