Hacia un nuevo discurso sobre el incumplimiento pesquero en Chile

Rodrigo Oyanedel

El combate a la pesca ilegal” es una frase que ha tomado fuerza en el último tiempo en Chile. Operativos coordinados entre Sernapesca y Carabineros, noticias de incautaciones masivas e incluso un reportaje con cámaras ocultas han ido delineando una realidad que había pasado mas bien desapercibida en nuestro país. Intentar manejar nuestra costa y recursos naturales de forma sustentable se complica cuando las regulaciones no se cumplen. Es un problema importante y que debe ser resuelto si queremos mirar hacia el futuro con esperanzas de mantener los sistemas naturales en un estado deseable.

No obstante, el discurso de “combate” puede terminar por auto-sabotear la misión original de aumentar el cumplimiento con las regulaciones. El objetivo ideal en cualquier sistema de manejo de recursos naturales es que la mayoría de las personas que participen cumplan las regulaciones de forma voluntaria. La evidencia muestra que cuando las regulaciones son percibidas de forma positiva por los regulados, éstas tienen mayores tasas de cumplimiento. La forma en que se crean y fiscalizan las regulaciones son claves en cómo éstas son percibidas. Sin embargo, la manera en la que nos referimos al problema del incumplimiento con las regulaciones pesqueras en Chile nos está alejando del objetivo de aumentar el cumplimiento voluntario. Y rápido.

Los discursos (entendidos como el conjunto de formas en que un grupo de gente se refiere a algo) son esenciales en la forma en que los humanos percibimos la realidad. Éstos nos ayudan a conceptualizar ideas abstractas para poder usarlas en nuestra cotidianidad. Así, nos asisten para simplificar el mundo exterior en ideas que podemos aceptar, entender y replicar. Sin embargo, estos discursos pueden tener consecuencias negativas. Si el discurso que se forma alrededor de un fenómeno recrimina, generaliza o entrega información parcial, puede terminar por asentar una idea errónea y peligrosa. Y esto es lo que ha pasado con el discurso de “combate” a la pesca ilegal, no sólo en Chile sino que en el mundo.

El discurso de “combate” a la pesca ilegal recrimina por que posiciona al involucrado como un delincuente. No se da el tiempo de explorar sus motivaciones: hay circunstancias en las que las regulaciones pesqueras no son apropiadas para el contexto, son injustas o injustificadas. Igualar a un delincuente con un pescador de subsistencia que no reporta su captura (lo que es ilegal) en un contexto en el que no tiene los medios para reportarla, no sólo es errado, es discriminatorio. Este discurso de “combate” cae también en generalizaciones. Pagan justos por pecadores cuando se habla de “el combate a la pesca ilegal en la VII región”, por ejemplo, estigmatizando a una región completa del país. Se olvida la diversidad de pescadores, de circunstancias y de formas de vida que coexisten en la región. Se ignora todo eso, poniendo un manto negro encima de cualquier matiz: es un combate, ahí están los enemigos. Por último, este discurso de “combate” solo entrega información parcial. La historia la escriben los ganadores, pero en este “combate” (donde no hay ganadores ni perdedores) la historia la están escribiendo todos menos los participantes. Incito al lector a pensar en cuantas plataformas conoce para que pescadores puedan expresar sus opiniones y dar cuenta de las circunstancias en las que realizan su trabajo. Pocas. Bastante más son las plataformas que llegan al público desde fiscalizadores, o externos a la pesquería como ONGs o investigadores. Sin afán (aparente) de dañar, se termina por mostrar solo una cara de la moneda. Y en esa cara que se muestra se recrimina y generaliza. Y eso hace daño, destruye confianzas y afecta la forma en que los pescadores perciben las regulaciones y su fiscalización, disminuyendo el cumplimiento voluntario.

Hoy dos cosas que pueden ayudar a cambiar el discurso imperante de combate por uno que nos lleve hacia aumentar la percepción positiva de las regulaciones y el cumplimiento voluntario.

  • Primero, entender el problema. Existe una gran diversidad de razones por las que un pescador toma la decisión de cumplir o no con una regulación. Hoy en Chile nuestro entendimiento de estas razones es nulo. Lo primero que se viene a la mente son razones económicas: no cumplir con las regulaciones trae mayores beneficios económicos que hacerlo. Esta puede ser una razón importante, sin duda, pero es sólo una dentro de un abanico. De la misma forma, es importante entender las circunstancias en que ocurre el incumplimiento. Hay situaciones en que cumplir con las regulaciones supone barreras que dificultan en exceso el cumplimiento. De la misma forma, hay circunstancias en que las regulaciones no son adecuadas y el incumplimiento no está asociado a una conducta negativa sino que a una falla en la regulación. Entender esta diversidad de motivaciones para cumplir o no con las regulaciones pesqueras y las circunstancias en que se dan estas decisiones es el primer paso para cambiar el discurso de combate.
  • Segundo, adaptar el lenguaje. Hay palabras que tienen connotaciones negativas y que destruyen las conversaciones. Ilegal es una de esas palabras. Usualmente asociada a delincuencia, este termino crea una barrera entre pescadores y reguladores. En su lugar, se pueden usar términos con connotaciones menos dañinas como “incumplimiento” que se dirige a la conducta específica de no cumplir con una regulación. De la misma forma este termino puede englobar conductas independientes de la ley, como cuando un pescador no cumple con una norma impuesta localmente.

Integrar estas ideas puede ayudar a corregir el discurso imperante de combate, y reemplazarlo por uno con matices, adaptado a la realidad local y que no haga daño si no que contribuya. Los pescadores son una parte esencial en la historia y cultura del país. Son las personas con mayor capacidad para entender el mar y sus ritmos. Si seguimos con el discurso de combate terminaremos por armar dos trincheras: a un lado pescadores y al otro reguladores. Sin embargo, tanto pescadores como reguladores tienen el objetivo de conservar las especies marinas (no hay mejor conservacionista que un pescador: su futuro depende de eso). Armar un combate entre bandos que buscan lo mismo tiene poco sentido. Nuestro océano depende, fundamentalmente, de nuestra capacidad para manejarlo. Pero hay que hacerlo de manera participativa e inclusiva y para eso es necesario un nuevo discurso sobre el incumplimiento pesquero en Chile.

Biografía

Rodrigo Oyanedel, es biólogo marino, con una Maestría en Ciencias Ambientales y Manejo de la Universidad de California en Santa Bárbara. Actualmente se encuentra cursando un Doctorado en el Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford y su investigación se centra en entender el incumplimiento con las regulaciones pesqueras en la flota artesanal.

Compartir

Más columnas

de opinión

19 de octubre, 2023

Costa (in)sostenible: ¿hay vuelta que darle?

Por Catalina Flaño

06 de noviembre, 2020

Hacia una economía costera regenerativa en Chile

Richard Cudney-Bueno

02 de septiembre, 2022

Sin nosotros los asentamientos costeros históricos van a desaparecer

Por Nelson Millatureo

09 de noviembre, 2022

El renovado impulso a la Acuicultura de Pequeña Escala

Por Daniel Arriagada

11 de agosto, 2022

Tras el desarrollo y la protección de usos ancestrales en la provincia de Palena

Por Pamela Mayorga