El patrimonio durmiente

Por Rodrigo M. Barahona-Segovia

El desierto de Atacama, el más árido del mundo, guarda uno de los secretos de la naturaleza conocidos más espectaculares: el desierto floridoEste fenómeno se da a partir de una acumulación de 15 mm de lluvias estacionales, logrando que un par de meses después de estas, las plantas que habían estado en latencia, reverdezcan y florezcan nuevamente (Vidiella et al. 1999). Muchas de las lluvias que ocurren en el desierto de Atacama se deben al frente de baja presión en el Pacífico sudeste y a los ríos atmosféricos (Reyers et al. 2021). Por otro lado, parte de este evento tiene una fuerte influencia oceánica generada por el fenómeno de El Niño/Oscilación del Sur (ENSO), el cual deja importantes lluvias en la costa y las lomas con pendiente fuerte de la cordillera de la costa (Dillon y Rundel 1990; Squeo et al. 2006).

La distribución del desierto florido abarca principalmente entre la costa de Chañaral, en la Región de Atacama, y Los Choros, al norte de la Región de Coquimbo (Chávez et al. 2019). Sin embargo, pueden sumarse Tal-Tal, Paposo, el desierto costero de la ciudad de Antofagasta, e inclusive algunas áreas precordilleranas de las regiones de Tarapacá y de Arica y Parinacota. Entre 1981 y 2015 se han detectado 13 eventos de desierto florido según Chávez et al. (2019; excluyendo el 2017 y algunos eventos de menor pulsación el 2021), siendo los más extensos, verdosos y ampliamente distribuidos los del 1997-1998, 2002-2003 y 2015 (Chávez et al. 2019). Sin embargo, la lluvia y nieve caída en la Región de Atacama en el pasado mes de julio suponen un nuevo evento de gran magnitud.

A partir del florecimiento, una extensa red de interacciones biológicas también cobra vida, comenzando con la vida microbiana. La composición y estructura de la rizosfera de las plantas del desierto florido, influenciada por las características del suelo, es distinta de aquellos suelos sin cobertura vegetal, fomentando el aumento de bacterias y hongos propios de aquellas plantas (Araya et al. 2020). Pero las plantas también son el punto de encuentro de los insectos. Abejas, moscas, escarabajos y mariposas llegan a visitar los millones de flores de distintas especies disponibles en el paisaje. De estas interacciones, de su frecuencia e intensidad, tanto con el desierto florido como sin él, no sabemos absolutamente nada. En el suelo, las vaquitas del desierto (Gyriosomus spp.) buscan pareja y se alimentan de los cadáveres de reptiles, plantas y otros insectos (Pizarro-Araya 2010), pero también pueden comer partes de plantas vivas o polen. Los vertebrados como la iguana chilena (Callopistes maculatus) puede ajustar su patrón de actividad según las temperaturas ambientales y la actividad de sus presas: las vaquitas del desierto (Vidal et al., 2011); o el pequén (Athene cunicularia), el cual se alimenta principalmente de coleópteros y escorpiones, siendo unas de sus principales fuentes de alimento (Faúndez et al. 2018). Así, las interacciones biológicas se mantienen y los procesos de los ecosistemas perduran en el tiempo.

Todo el evento y su biodiversidad ofrece recompensa a las personas que habitan el territorio de Atacama: un atractivo turístico que beneficia económicamente a las comunidades y ayuda a que las personas sigan protegiendo el desierto florido.

Lamentablemente, este patrimonio biológico está en peligro. Solo dos grandes unidades que forman parte del sistema nacional de áreas protegidas del estado (SNAPE), los parques nacionales Llanos de Challe y Pan de Azúcar, no cubren toda la superficie del desierto florido ni protegen a todas las especies amenazadas. Según los procesos de clasificación de especies (RCA) que lleva anualmente el Ministerio del Medio Ambiente, son 146 especies de plantas, invertebrados y vertebrados de la Región de Atacama las que se encuentran en algún grado de riesgo de extinción debido a las actividades humanas (MMA 2022). Por ejemplo, entre las plantas, la sanguinaria (Chorizanthe mieresii), la garra de león (Leontochir ovallei) o el lirio de campo de Werdermann (Alstroemeria werdermannii), así como varias especies de cactus de los géneros Copiapoa y Eryosice están en algún grado de extinción (MMA 2022). Entre los animales típicos del desierto florido, la lagartija negro-azulada (Liolaemus nigrocoeruleus), la mosca de trompa corta (Mitrodetus nanoglossa) y el alacrán de Cepeda (Brachistosternus cepedai) se encuentran amenazados (MMA 2022). Ninguno de ellos es visible para un tipo en moto o camioneta sobre las dunas o las flores. Otras tantas especies de frágil destino esperan ser clasificadas, como los caracoles del género Bostrix, que solo aparecen rara vez con las lluvias entre las plantas del desierto florido costero o aquellas que se mantienen gracias a la camanchaca.

¿Cómo llegamos a desproteger de tal forma ‘el desierto’? Ciertamente, una buena cuota de responsabilidad se da por la propia percepción humana de que el desierto no tiene vida aparente. Ello ha llevado a que la gran minería se haya instalado sin grandes trabas en la década de los 70’. Pero esta no es la única fuente de preocupaciones.

El deporte tuerca (motos, cuatrimotos y camionetas) ha causado un gran daño a los sistemas dunares del desierto florido. No han sido pocas las veces que me he tenido que parar en medio del camino de los ‘deportistas’, quiénes no trepidan en salirse de éste y aplastar flores, insectos y reptiles, sin respetar a otras personas, y degradando el ecosistema. En septiembre del 2017 aterrizaron 13 avionetas cuyos pilotos no encontraron nada mejor que tomar once entre las pisoteadas ‘patas de guanaco’ y ‘malvas’. Ese mismo año, pero en agosto, el expresidente Sebastián Piñera junto a su comitiva se sacaron fotos pisoteando las flores y ayudando a degradar ese ecosistema. El 2021, luego de algunas lluvias que permitieron expresar algunos parches de flores, el gobierno de Sebastián Piñera presentó un polémico proyecto para poder mantener ‘despierto de forma permanente’ el desierto florido, lo cual fue duramente cuestionado por botánicos, ecólogos y ambientalistas a lo largo y ancho del país. No menos polémico que los casos anteriores es pretender instalar colmenas de abejas en zonas libres de ellas como el desierto florido. Las abejas de miel, a pesar de generar importantes alimentos y productos como la miel o el propóleo, representan una de las especies invasoras más dañinas para los polinizadores nativos al competir por recursos y transmitir enfermedades, y cuya evidencia comparada ha sido encontrada en muchos países del mundo (por ejemplo, en Garibaldi et al. 2021). Finalmente, las tomas ilegales de terrenos y las inmobiliarias no dejan de ser una de las formas más destructivas de la naturaleza y el desierto florido no escapa a ello.

Estas actitudes influyen en personas que se preguntan: ¿si una autoridad puede pisar las flores, por qué yo no puedo? Esas fotos son las que luego aparecen en las redes sociales, ostentando un poder sobre la naturaleza no concedido por la misma. ¿Qué hay de los y las científicas? ¿Ellos deben entrar a los campos de flores? Muchos de los y las que hacemos ciencia estamos forzados a entrar a los campos de flores para poder obtener datos que no siempre podemos capturar. Investigar nos abre la puerta para generar otro patrimonio: el conocimiento, y este patrimonio aún es escaso cuando se trata del desierto florido y sus procesos.

A pesar de la existencia del comité regional del desierto florido, que depende del Gobierno Regional de Atacama, y del plan de ordenamiento territorial, este último reconoce que la superficie protegida de desierto florido es escasa y que posee 44 áreas prioritarias de conservación. Estas podrían no ejecutarse debido a que, en la comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados y Diputadas, el proyecto que crea el Servicio Nacional de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) perdió la batalla por mantener estos sitios a manos de Chile Vamos, con apoyo del PDG Víctor Pino. A semanas de volver a expresarse en gloria y majestad, el desierto florido se ve enfrentado al mismo tiempo a decisiones cuestionables de personas poco idóneas en temas relevantes para su protección.

No hace mucho, usando mi cuenta de Twitter propuse la creación del gran Parque Nacional Desierto Florido, publicación que tuvo un gran recibimiento. Éste debiese unir desde Chañaral hasta el norte de la Región de Coquimbo, adjuntando una parte de la porción interna de la Región de Atacama. Esto obviamente requiere de una serie de criterios que no pueden ser decididos por meras cuestiones políticas, sino que por variables científicas como áreas de valor arqueológico, riqueza de plantas, microorganismos y animales, límites urbanos y aspectos socioculturales, entre otras tantas. La creación de una gran unidad de este estilo colocaría a Chile en la vanguardia de la protección de la naturaleza, el ecoturismo y la sustentabilidad, generando cientos de miles de empleos directos e indirectos. Ampliar un parque así, conllevaría la contratación de cientos de guardaparques entrenados, equipos de apoyo y toda la logística requerida, todo lo cual pudiese autofinanciarse si entrase en rigor la descentralización que promete el nuevo proyecto constitucional y los derechos de la naturaleza.

En definitiva, este patrimonio durmiente, el desierto florido, y la creación de esta gran unidad de conservación, es una opción más que viable si las condiciones ambientales, sociales y políticas se conjugan en favor de un fenómeno reconocido a nivel global como una de las grandes maravillas del planeta.

Referencias

Araya, J. P., González, M., Cardinale, M., Schnell, S., & Stoll, A. (2020). Microbiome dynamics associated with the Atacama flowering desert. Frontiers in microbiology, 10, 3160.

Chávez, R. O., Moreira-Muñoz, A., Galleguillos, M., Olea, M., Aguayo, J., Latín, A., … & Manríquez, H. (2019). GIMMS NDVI time series reveal the extent, duration, and intensity of “blooming desert” events in the hyper-arid Atacama Desert, Northern Chile. International Journal of Applied Earth Observation and Geoinformation, 76, 193-203.

Dillon, M. O., & Rundel, P. W. (1990). The botanical response of the Atacama and Peruvian Desert floras to the 1982-83 El Niño event. In: Elsevier Oceanography Series, 52, 487-504.

Faúndez, P. V., Osorio, N. U., Henríquez, N. Á., & Orellana, S. A. (2018). Comparación de la dieta del pequén (Athene cunicularia) a nivel intra e interespecífico en el desierto de Atacama, Chile. Interciencia, 43(2), 93-97.

Garibaldi, L. A., Pérez‐Méndez, N., Cordeiro, G. D., Hughes, A., Orr, M., Alves‐dos‐Santos, I., … & Viana, B. F. (2021). Negative impacts of dominance on bee communities: Does the influence of invasive honey bees differ from native bees? Ecology, 102(12), e03526

MMA (2022) Proceso de clasificación de especies. Disponible en: https://clasificacionespecies.mma.gob.cl/

Pizarro-Araya, J. (2010). Hábitos alimenticios del género Gyriosomus Guérin-Méneville, 1834 (Coleoptera: Tenebrionidae):¿ Qué comen las vaquitas del desierto costero?. Idesia (Arica), 28(3), 115-119.

Reyers, M., Boehm, C., Knarr, L., Shao, Y., & Crewell, S. (2021). Synoptic-to-Regional-Scale Analysis of Rainfall in the Atacama Desert (18–26 S) Using a Long-Term Simulation with WRF. Monthly Weather Review, 149(1), 91-112.

Squeo, F. A., Tracol, Y., López, D., Gutiérrez, J. R., Cordova, A. M., & Ehleringer, J. R. (2006). ENSO effects on primary productivity in Southern Atacama Desert. Advances in Geosciences, 6, 273–277.

Vidal, M. A., Pizarro-Araya, J., Jerez, V., & Ortiz, J. C. (2011). Daily activity and thermoregulation in predator–prey interaction during the Flowering Desert in Chile. Journal of Arid Environments, 75(9), 802-808.

Vidiella, P. E., Armesto, J. J., & Gutiérrez, J. R. (1999). Vegetation changes and sequential flowering after rain in the southern Atacama Desert. Journal of Arid Environments, 43(4), 449-458.

Nolana sp.

Vanessa carye, comúnmente conocida como mariposa colorada.

Ectinogonia chalybaoevnetris.

Biografía

Rodrigo M. Barahona-Segovia es doctor en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias de la Universidad de Chile, y académico de la Universidad de Los Lagos.

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