Desafíos para la conservación marina en Chile

María José Martínez Harms

Chile posee más de 4.270 kilómetros de costa desde la frontera con Perú hasta el Cabo de Hornos con un 41% de la Zona Económica Exclusiva con alguna categoría de protección. Sin embargo, la protección efectiva de los ecosistemas costeros y marinos está lejos de cumplirse. La falta de incentivos para la conservación, un mal entendimiento de la zona costera, junto con una planificación que tiene muchos traslapes en su gobernanza y no contiene variables de bienestar hacia la población, han provocado un intenso deterioro ambiental a lo largo de la costa de Chile. Ante este escenario, es importante reflexionar sobre cuáles son los desafíos para avanzar hacia políticas de conservación que sean favorables tanto para la biodiversidad como para mejorar el bienestar de las personas que dependen de la costa.

La costa chilena presenta condiciones oceanográficas únicas y una amplia heterogeneidad de hábitats costeros. Estas condiciones promueven altos niveles de endemismo y una diversidad de especies que entregan servicios ecosistémicos marinos claves, como la provisión de alimentos, el secuestro de carbono, la protección costera contra inundaciones y múltiples beneficios culturales como las oportunidades de recreación y la identidad cultural entre muchos otros servicios. A pesar del gran valor ecológico, social y económico de la costa a nivel nacional, en Chile faltan instrumentos de planificación y de gestión del territorio, que capturen la compleja transición de estos ecosistemas.

Los ecosistemas costeros y marinos en Chile se encuentran muy amenazados por las actividades humanas que vulneran la capacidad de estos ecosistemas para otorgar servicios ecosistémicos a través del tiempo. En Chile existen 100 municipios costeros y dos insulares, donde viven aproximadamente 4.5 millones de personas. Si bien en Chile la conservación marina ha sido incipiente, en poco tiempo ha habido importantes avances. En Chile el 41% de la cobertura oceánica está protegida, pero sólo un 0,04% tiene un manejo efectivo. De ese 41% protegido, el 92% corresponde a áreas marinas en aguas abiertas (Juan Fernández, Salas y Gómez, Nazca Desventuradas), zonas que son menos amenazadas y con menos niveles de conflictos. Hay una gran tarea pendiente para mejorar la conservación de la representatividad de los ecosistemas marinos especialmente de áreas marinas aledañas al continente (ver Figura 1).

En Chile se han implementado una  diversidad de figuras novedosas de conservación de ecosistemas marinos: parques marinos, reservas marinas, Áreas Marinas Costeras Protegidas de Múltiples Usos (AMCPU), Santuarios de la Naturaleza y sitios Ramsar, además de la porción costero-marina del SNASPE. También se han implementado políticas para mejorar el manejo de estos ecosistemas y de los recursos marinos como son las Áreas de Manejo de Recursos Bentónicos (AMERB) que asigna derechos de acceso exclusivo a las organizaciones de pescadores artesanales para la recolección sostenible de recursos marinos bentónicos y los Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO) que asigna derechos de acceso y gestión sobre áreas marinas a comunidades indígenas.

A pesar de estos avances, todavía existen brechas importantes entre la protección legal y la protección real de los ecosistemas costeros y marinos que se encuentran sujetos a múltiples amenazas. El compromiso del gobierno chileno con la conservación de la biodiversidad debe financiar explícitamente la aplicación de la protección de estas áreas protegidas y hacer frente a las amenazas. Se requiere urgentemente generar capacidades para el manejo de las áreas marinas protegidas, financiamiento para la conservación y el diseño de estrategias para la articulación entre las distintas iniciativas y políticas, ya que actualmente muchas se sobreponen entre ellas e impiden el avance colectivo. La conservación efectiva requiere el desarrollo de gobernanza donde exista intercambio continuo de conocimiento entre científicos y tomadores de decisión para permitir el desarrollo de capacidades y apoyar la toma de decisiones basada en la evidencia científica disponible. Para esto es necesario un intercambio más fluido y vinculante entre los investigadores, científicos y los tomadores de decisiones lo que  precisa transparencia, claridad en los procedimientos y procesos inclusivos y participativos que  deben basarse en principios de justicia y equidad.

La desarticulación de la legislación actual encargada de la conservación marina hace urgente la necesidad de crear en Chile un Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) que unifique estos esfuerzos, con un marco legal nacional para la conservación y para el sistema nacional de áreas protegidas. El SBAP ayudaría a poner urgencia en la elaboración de planes de manejo para las áreas marinas, aumentar los fondos de conservación para la gestión y diversificar las fuentes de ingresos para mejorar el bienestar de los medios de vida locales.

Aunque en Chile se ha avanzado en unificar metodologías de planificación, y se han aumentado los esfuerzos públicos y privados, la protección marina se sigue decretando solo en el papel. A la fecha, no se cuenta casi con planes de manejo, no se le otorgan recursos y, por tanto la vigilancia y monitoreo de estas áreas es inexistente. Es urgente fomentar una planificación y gestión integrada de los ecosistemas costeros para optimizar los esfuerzos de conservación y la transferencia de capacidades ya instaladas en el país. Una planificación integral que comprenda el territorio, el litoral y el mar próximo debe guiar dónde, cuándo y cómo deben llevarse a cabo las actividades humanas para ayudar a equilibrar los intereses competitivos de los diferentes usos, los múltiples beneficios que entregan los ecosistemas marinos y la protección de la biodiversidad de las costas de Chile.

Biografía

María José Martínez Harms es ecóloga de la conservación de la Universidad de Queensland, investigadora postdoctoral en el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad y premio L’Oréal Chile-Unesco For Women In Science 2019. Su investigación se enfoca en el estudio de los servicios ecosistémicos que son los múltiples beneficios que la sociedad obtiene de la naturaleza y la biodiversidad para su bienestar humano. Aplicando la conservación basada en la evidencia, recopila y sintetiza la investigación de servicios ecosistémicos para proporcionar recomendaciones que pueden usarse en políticas de conservación.

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